domingo, 27 de septiembre de 2009

El laberitno de Teseo


En la siguiente narración se reportará lo visto en la visita al Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y se reflexionará brevemente sobre la pertinencia que las exposiciones vistas tienen con respecto a la construcción del arte contemporáneo y su inmersión en lo social como justificación teórico-conceptual.

Cabe destacar que dicha reflexión antes mencionada se basará en fragmentos de las exposiciones “Cildo Meireles”.Hablar de arte contemporáneo en términos claros resulta ambiguo. Monstruoso, se nos presenta en ocasiones, como la cumbre del abstraccionismo posvaguardista que en origines, debido a nuestra falta de acercamiento continuo al arte, se vuelve nebuloso y distante en cuanto al terreno de su comprensión teórica y más aún retórica y pragmática.

El MUAC, desde su construcción y sus paredes blancas, nos recibe con un aire majestuoso que el cemento torna formal y un tanto distante. Las formas de la galería que se vuelve laberíntica, nos hace temer de un minotauro que en su corazón alberga, más en fuerzas divididas, bajo una sensualidad mística se expande.

Cildo Meireles nos recibe en la primera trampa del laberinto. Lo acuchillante de sus formas en su carencia de materialidad, nos hace viajar hasta tablas de cemento infinito en donde sólo aliento habita. Más allá del cordón, más allá de espacio, las formas cúbicas nos indican el sutil sarcasmo del espacio en donde la risa del minotauro resuena. Tanto en dibujos perspectivisticos, como en colosales cubos rectangulares, la lógica se tuerce ante la expectativa de posibilidad de fuga. Un avance innegable hacia la mofa del determinismo, una búsqueda de algo más, que en necio recelo se estrella en una orilla, cae a pedazos del precipicio. La obstinación del espacio dónde habitar, dónde esconderse, más es demasiado fugaz, muy pronto, y se da la vuelta. Se abre la segunda trampa del laberinto.


Entre las piezas de la construcción, se abre camino la demolición de la estructura. Patentes estudios antropológicos, sociológicos, topográficos y humorísticos. Más cabe destacar la jaula transparente de la bestia. Ahí, encerrada como si fuese ladrido ladrón, un mudo nuevo silencio nos aturde, nos absorbe. Yankees go home, grita cada fragmento de la bestia. Más todos iguales, más todos diferentes. Absurdismo poético redundante, más escalonada interpretación. Camuflageada entre los comunes, se vuelve objeto, bomba, suicida. Y el nuevo grito nos inunda, por detrás. Acuñado, empapelado. La figura monstruosa de un dragón confunde por momentos al valiente caballero. Por demás la única figura perfecta, que por imperfecta se muerde la cola, que por imperfecta existe en ambos lados del suplicio. Visible grito ahogado de nimiedad, lado a lado, como feliz pareja. Ambos unidos, más por invisible la delgada línea sin sutura, escurre y llena de sangre la blanca pared, la gotera se expande a toda la sala de evidente tortura, de evidente sumisión. Será acaso que el líquido mágico, además de atraer malévolos insectos, está puesto ahí a razón de disimular su sedienta impotencia. Más bien le da más fuerza, el gorgoteo que con ella logra espanta el eficaz disfraz que el caballero usa para con la bestia. Pero aún así, sigue adelante extendiendo su cordón.

El cuarto manchado de sangre, donde la bestia entra por el órgano blando y acuoso, por obsceno y sublímente excitante, es pasado por alto. Harto está de retar su integridad.


Frente a esferas de fuego, Babel. Incandescente. Imponente. Impotente. Cenil. La hermosa visión de un dormitorio de la bestia. De nuevo dividida. Y ahí se encuentra, en cada punto, en tonos, poco identificable. Sus millones de bocas, de ojos, de brillos lo atraen. Ahora por mosquito hacia la linterna el caballero se dirige. Y su arrogancia no le queda clara, y su castigo será eterno. Todo, todo a su disposición. Incapaz de aprehender algo. Su avaricia es su mayor pecado, aún no lo entiende. Captar. Capta la voz de la bestia, la encierra y sólo la hace más fuerte porque no la entiende, se le vuelve más ajena. El caballero se embelece, se vuelve uno con cada parte de la bestia. Comienza a enamorarse de ella.

Interminable sería describir el camino del caballero por el laberíntico corredor, que uno tras uno lo llevan a enamorarse cada vez más de la bestia, a temerle por seducción, por curiosa atracción fatal. Ante las vértebras del monstruo, en carne viva, el caballero se atreve a pasar junto de ellas. Las examina, las huele, las toca, las vive. Ante sus desechos, ante sus reflejos, ante su colosal magnificencia poco encuentra relación entre sus pasillos. No sabe ya si vio dragón, si vio serpiente, si vio minotauro o si se vio a si mismo, si vio hombre. Sabe que oyó gritos, que vio sangre, que inspeccionó su guarida, que sintió su aliento, que por todas partes lo vio, y no entiende qué fue. Suficiente de esto corre por las venas ya. Seducido por su embrujo algo le detona el alma.

De momento, ligero detalle de sofisticación exige denotar que en su mente guardó recoveco. Un punto iluminado hacia la nada. El espacio, la gota de luz, que más allá de todo, lo dice todo, nada más allá. El asombro y la continua ambigüedad de encontrarse dentro, y de no poder obtener, la unidad mínima junto al coloso rojo. La clave de encontrar la construcción del laberinto, el dedo en la llaga. La contraseña de encontrar la esencia del minotauro, la interacción del espacio, y Teseo. Siente. La abstracta construcción del correr de la venas se vuelve ideal, se vuelve la premisa básica que permite el error de la monotonía. Se entiende la visible sombra del minotauro. Caballero. El anfitrión no muestra jamás la salida, pone a cada paso un alfiler más en el curioso maniquí que la absurda figura del caballero forma. Denota, ante su cotidianeidad que nunca se dio cuenta, durante el trascurso de su viaje hacia el laberinto, que cada concepto ideal iba creando un edificio tambaleante, tan lleno de claridad como Babel, tan obseno como el cuarto rojo, tan tangible como los cubos de hilo, tan humano como las vértebras, tan sádico como su máquina de aliento. Y al final queda la burla, la mofa, de su absurda parsimonía. Un billete marcado con el precio que la lobotomía capitalista practicó desde siempre al caballero. Una muestra de que en ni en un espacio posible, es posible esconderse. Nada. Cero a cada lado.

Ahí radica la contundencia del trabajo de Cildo Meireles inmerso en la retórica del arte contemporáneo. La abstracción de la cotidianeidad hacia el absurdo, su transformación en una bestia en apariencia incomprensible. Por que no hay nada más altamente simbólico que lo sensible. Cildo Meireles le da materialidad, le da ojos, boca, garras, aliento, y un gusto muy exquisito al monstruo contemporáneo, que más allá de su performatividad, da cuenta de una parte de su contraparte.

Al salir de la galería y sus monstruosas paredes blancas, entramos al verdadero laberinto de la bestia. De esta bestia que responde por nombre. Teseo.

martes, 22 de septiembre de 2009

After performance

Qué pasa cuando mezclas un conjunto de cosas sinsentido, cuando buscas lo que sabes que no se puede encontrar, cuando crees que resignificando cada uno de ciertos elementos llegarás a una conclusión absoluta tan sólo por darle materialidad a las ideas.
CREAS UNA UTOPIA.
No necesitas más. Una licuadora, muchos objetos y un estúpido tipo que te diga cada una de sus ideas. Un poco de sangre y un poco de color. Los olores vienen acompañados, las esencias poco más que incluídas. Los objetos no importan en sí, pero sí los significados que les des. Ya Duchamp nos advertía del sentido de los absurdos, ya en el primer oleaje el avant garde se vio inmerso en una serie de prácticas que "los comunes" no entendían, cuando ni ellos mismos sabía que sentarían las bases del mismo sistema paranoico crítico que Dalí vería en todo su esplendor en el auge del surrealismo. Y qué pasó después, a dónde fueron a parar todas nuestras patologías, todos esos sentimientos encontrados y perdidos que tan sólo nos decían que el arte era grito, que el arte era guerra, que el arte era muerte pegada y recortada, engrudo de la civilización que no ataba un poco más a la existencia terrena. Entonces fue cuando vino de nuevo el otro motor, la nueva licuadora más potente, más fastuosa. Más original. Porque el fin verdadero del arte mismo no es bello, ni es acabado, por eso mismo es que se transforma.

Y he aquí el batidillo que se hizo, y aún así parece ser que no se llega a entender la utopía. Asqueroso me parece el pensar en querer darle tintes positivos al concepto, verdaderamente me causa un dolor mayor. Que no les bastó Comte a principios de siglo, para querer seguirse eneciando en lo que su estupidez no los deja ver. Que si bien la ciencia y el progreso existen, sin duda y son hermanos. Pero que por ahí quieran llegarle de espaldas al arte y apalearlo, eso sí me parece inconcebible. Si bien no tengo dilema alguno en aceptar que a través de la ciencia se puede llegar a experimentaciones artísticas, me parece absurdo pensar que inclusive un concepto tan destructivo como utopía se pueda desmoldar de cierto acierto hacia el bien humano. La sociedad está jodida, no usemos lo que nos puede dar luz para joderla más. Entendamos las filosofías de la existencia y la negrura del abismo para lograr construir edificios más sólidos que no necesariamente serán más hergonómicos y espaciosos. Que no entendemos que jamás podremos quitarnos la piedra del zapato. Es una llaga permanente que ha de permanecer. Que no me digan que ahora Covey hace ciencia y arte, porque yo hasta Cohelo me limito, con él me permito engolosinarme un poco, pero sin empalagarme demasiado. Prefiero las bofetadas directas de Dionisio, prefiero enfrentarme a la embriaguez y la desfachatez del misterio a encerrarme en un mundo sin dioses humanos. Que la toquen, que la maltraten, que abusen de ella. Que por violada la utopía tendrá muchos hijos, bastardos todos de padre desnaturalizado. Pero así tendrán sentimientos, tendrán emociones, sabrán de lo que hablan. Nacerán con cuerpo y con alma, del asco, de la mezcla de la basura y mierda humana. Y por esto sólo no me cierro a creer en lo meramente escatológico que por bien del SEMEFO estoy enamorado. Sólo abogo por dejarla ahogar en las formas materiales cuando aún se sabe inexistente. Interesante ejemplo para Sartre, hubiera sido un reto para Heidegger. En sío para sí. Lo dejaremos para una próxima visita, ahora hay que licuar la mezcla, dejar, que se valla por el caño.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Man y fiesto relacionados

Crítica del dadaísmo al futurismo y cubismo.

En si el dadaísmo es una crítica contra todo. El dadaísmo es el absurdo de la manifestación humana a través del arte. Dadá no busca establecerse como el arte de su tiempo, ya que su tendencia es totalmente antiartística. Dadá lo que busca es denunciar la notable ambigüedad del camino de la humanidad, al darse cuenta que toda acción humana parece no tener sentido dentro de cierta “evolución positiva”. En esencia su crítica a las demás vanguardias, en especial al futurismo y cubismo por no ofrecer un arte o una expresión que verdaderamente se comprometa con su tiempo. Critica al cubismo por una parte al caer en un abstraccionismo analítico que sólo busca la deformación de la figura sin intenciones más allá de lo decorativo. Lo tacha de simple, y considera que no aporta nada nuevo a su época. Lo tacha de vulgar, de hipócrita. “La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma porque la belleza ha muerto; ni alegre; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, no debe divertir ni maltratar a las personas individuales sirviéndoles pastiches de santas aureolas o los sudores de una carrera en arco a través de las atmósferas”. El futurismo lo considera superado desde su creación. A pesar de ser más ácido que el cubismo, no deja de lado sus fines estéticos y le resulta incomprensible su simple “apoyo” a la guerra. Dadá es más profundo, más violento y se compromete más con su tiempo. Es un arte reaccionario al cien porciento.
Fragmento del manifiesto dadaísta. El cubismo nació del simple modo de mirar un objeto: Cezanne pintaba una taza veinte centímetros más abajo de sus ojos, los cubistas la miran desde arriba complicando su aspecto sección perpendicular que sitúan a un lado con habilidad.. me olvido de los creadores ni de las grandes razones de la a. que ellos hicieron definitivas). El futurismo ve la misma traza un movimiento sucesivo de objetos uno al lado del otro, añadiéndole maliciosamente alguna línea—fuerza. Eso no quita que la buena o mala, sea siempre una inversión de capitales intelectuales.

Características del surrealismo a partir de su manifiesto.
Sentimiento de inutilidad de la guerra.
Exploración de nuevas formas:
Subconsciente, lo maravilloso, el sueño, la locura, los estados de alucinación.
Liberación del espíritu como caso particular del pensamiento.
El surrealismo es “una epidemia de sueños”.
Acusación contra el realismo.
En literatura la poesía es el verdadero vehículo que queda fuera de toda “fiscalización” de la razón.
El talento no existe, el surrealismo está al alcance de “todos los inconscientes”.
Desprecio por la figura del artista.
La inspiración son los sueños derivados de la vida diaria.

Cómo se relacionan dadá y el surrealismo
Dadá y surrealismo se relacionan de una manera muy sencilla. Aparte de por la época, existe un fuerte vínculo entre ambos movimientos, llamado André Bretón. André Bretón y Aragon durante algún tiempo pertenecieron a dadá y estuvieron en contacto con Tzara principalmente. Se vieron influenciados por simbolistas como Artur Rimbaud y Baudelaire, y de dichas influencias, aunado a las teorías freudianas y algunos otros pensamientos fundaron el surrealismo. El surrealismo continúa en la línea del automatismo, esta violenta idea de la construcción del arte a partir del impulso aunque es un movimiento mucho más fundamentado que dadá. El surrealismo es violento porque devela el interior de los sujetos, llega más allá de los consientes. En un momento dado se aleja a simple vista del compromiso con la crítica social para centrarse en el individuo y sus cavilaciones. Sin dadá y sus experimentos técnicos, el surrealismo jamás hubiera podido innovar y desarrollarse de la manera que lo hizo.

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